jueves, 24 de octubre de 2013

Texto Prescindible 6: No está destinado a ser

Me preguntaba si yo algún día llegaría a ser así.

Andar de un lado para otro con él era todo un suplicio, pero lo toleraba porque sentía que el tipo se sentía solo. Demasiado solo, tal vez.

“Mirá que el futbol de aquí es una basura, mirá que la música que se hace ahora aquí es puro ruido, mirá que en esos sindicatos solo viejos vagabundos, mirá que en el gobierno solo hay ladrones, mirá que la educación del país ha alcanzado puntos de mediocridad inimaginables, mirá que todo está muy caro, mirá que los maestros ahora son una cochinada, mirá que los carros de ahora no duran nada, mirá que ahora hay demasiado homosexual, mirá que ahora nadie respeta a la iglesia, mirá que ahora todo el mundo compra en los centros comerciales, mirá que en la ciudad ya no hay parques donde poder sentarse a descansar…”

Mirá, mirá, mirá, mirá esto, mirá aquello. ¡Cuántas quejas! Siempre se quejaba por todo, él siempre con la mirada atrás, añorando un pasado extraño el cual aparecía siempre como un tiempo perfecto mancillado por el malévolo e inminente futuro.

Se quejaba tanto, siempre me pregunté si sería capaz de plantear alguna solución, porque yo nunca le oí alguna. A él no le interesaba oír mi opinión, yo sabía que pensaba que era estúpida, solo quería tener alguien que oyera atentamente su interminable lista de quejas. Insisto, era un suplicio andar con él, pero sabía que el tipo se sentía solo, olvidado, marginado y por eso le acompañaba de cuando en cuando. Estaba viejo, amargado, apático.


Me preguntaba si yo algún día llegaría a ser así.

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